«Lo que no me destruye, me hace más fuerte: una reflexión sobre el sentido de la vida»

En medio de una tarde de descanso, como siempre, hice alguna actividad pequeña pero sustanciosa. Seguí leyendo un libro que venía buscando desde hace mucho tiempo, pero que no había podido encontrar. Todo llega a su tiempo.

El título es «El hombre en busca de sentido», y me llamaba la atención porque una gran maestra que sigo lo recomienda bastante. Ahora entiendo por qué lo recomienda tanto.

Reconociendo mi historia personal

En lo que llevo leído, me he dado cuenta de que muchas veces me quejé de la vida, aunque siempre me he considerado fuerte, valiente y arriesgada.

Recuerdo que, en momentos difíciles de soledad, tristeza y desesperación, llegué a pensar que no quería vivir. Miraba al cielo y preguntaba: «¿Qué hago aquí? No puedo más»…

Lloraba, dejaba de comer, no dormía bien. Y aunque ahora lo veo como algo pequeño comparado con lo que he aprendido, fue un proceso que me enseñó mucho.

La vida me golpeó fuerte, pero yo era terca y no me detenía a escuchar lo que me querían decir. Tomaba atajos para llegar más rápido, pero lo único que lograba era retrasar mi propósito de vida.

Hoy sé que el tiempo de Dios es perfecto y agradezco cada aprendizaje, aunque haya sido duro. Logré estabilizarme a mis 57 años y entendí que mi sufrimiento me preparó para ayudar a otros.

Lección del libro «El hombre en busca de sentido»

La obra de Viktor Frankl es un relato estremecedor, una vivencia de sufrimiento al límite. Frankl, psicólogo y médico, vivió en carne propia las atrocidades de los campos de concentración nazis.

A pesar de la incertidumbre, el hambre y el miedo constante, logró mantener su mente enfocada y ayudar a quienes querían acabar con sus vidas.

Su historia me enseñó que cada persona carga con su propio peso, y que, al conocer testimonios como el suyo, podemos aprender a relajarnos y entender que la vida sigue.

De él aprendí una frase poderosa que hoy guardo en mi corazón:
«Lo que no me destruye, me hace más fuerte.»

El sentido del sufrimiento y las pérdidas

Concluyo que todo en la vida tiene un sentido.

En mi caso, el sufrimiento me enseñó a no repetir los mismos errores y me hizo más fuerte.
Perder a alguien cercano me enseñó a valorar cada instante y no posponer los momentos importantes.

Tuve una pareja por más de 15 años que falleció. Aunque compartimos momentos hermosos y otros muy difíciles, logramos sanar antes de su partida. Aprendí que amar es aceptar tal como es la persona, y que la ayuda empieza por uno mismo.

Mi transformación personal

Cambié mi forma de ser hacia él, dejé de juzgarlo y comencé a aceptarlo. Gracias a eso, sus últimos días fueron felices y llenos de amor.

De ahí que repita siempre: La base de la vida es el amor, la humildad y la honestidad.

Hoy sigo mi camino en paz, capacitándome y ayudando a otras personas, incluso a parejas que, al escuchar mi testimonio, han hecho cambios en sus vidas.

Si yo pude hacerlo, tú también puedes.

Un regalo de mí para ti

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«Tres pasos para amarte».

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Con Amor:

Gloria